Lobo negro...
viernes, 22 de febrero de 2008
martes, 19 de febrero de 2008
confesiones de un hombre lobo
Luego, arrestaron a Peter Stubbe tras ser identificado por unas personas a las que había tratado de robar pocos días antes. El hombre, enfrentado con la seguridad del tormento que le hubiese obligado a confesar cualquier cosa, admitió su culpa y proporcionó detalles de algunos de los crímenes.
Stubbe confesó poseer un cinturón mágico que le transformaba en "lobo voraz y devorador, fuerte y poderoso, con ojos grandes y alargados, que brillaban como tizones de carbón por la noche, una boca grande y ancha, con dientes muy afilados y crueles, un cuerpo fornido y garras poderosas".
Los que le acusaban, registraron el valle donde Stubbe dijo que había dejado su cinturón mágico, pero no encontraron nada. Naturalmente jamás existió, como tampoco se transformaba en lobo, ni había pactado con el Diablo... tales ingredientes en las confesiones de los acusados, cuando la hechicería se añadía a la lista de presuntos crímenes, eran la moda de la época.
No obstante esto no impidió a los jueces creer en su confesión. Por el contrario, declararon: "Se puede muy bien suponer que el cinturón ha ido a manos del diablo de quien provino". Y la venganza fue terrible. Le condenaron a tener su cuerpo atado a la rueda, y le aplicaron tenazas al rojo sobre diez puntos distintos de su cuerpo hasta caerle la carne de los huesos; después de esto le rompieron los brazos y piernas con un hacha de madera, para finalmente cortarle el cuello en redondo y, luego, reducir su cuerpo a cenizas.
A pesar del fanatismo y la fantasía de los inquisidores con los delirios del hombre lobo, tampoco se puede destacar que Stubbe cometiese los actos que describe en sus declaraciones, pues en algunos de estos casos, sólo el verdadero culpable de los crímenes podía haber proporcionado con exactitud la descripción de algunas de las mutilaciones en determinadas víctimas.
Lo que sí es cierto, es que el asesino de las dieciséis víctimas tenía atemorizada a toda la región alemana, y el proceso del presunto culpable ganó enorme atención por parte de las gentes del lugar.
Stubbe confesó poseer un cinturón mágico que le transformaba en "lobo voraz y devorador, fuerte y poderoso, con ojos grandes y alargados, que brillaban como tizones de carbón por la noche, una boca grande y ancha, con dientes muy afilados y crueles, un cuerpo fornido y garras poderosas".
Los que le acusaban, registraron el valle donde Stubbe dijo que había dejado su cinturón mágico, pero no encontraron nada. Naturalmente jamás existió, como tampoco se transformaba en lobo, ni había pactado con el Diablo... tales ingredientes en las confesiones de los acusados, cuando la hechicería se añadía a la lista de presuntos crímenes, eran la moda de la época.
No obstante esto no impidió a los jueces creer en su confesión. Por el contrario, declararon: "Se puede muy bien suponer que el cinturón ha ido a manos del diablo de quien provino". Y la venganza fue terrible. Le condenaron a tener su cuerpo atado a la rueda, y le aplicaron tenazas al rojo sobre diez puntos distintos de su cuerpo hasta caerle la carne de los huesos; después de esto le rompieron los brazos y piernas con un hacha de madera, para finalmente cortarle el cuello en redondo y, luego, reducir su cuerpo a cenizas.
A pesar del fanatismo y la fantasía de los inquisidores con los delirios del hombre lobo, tampoco se puede destacar que Stubbe cometiese los actos que describe en sus declaraciones, pues en algunos de estos casos, sólo el verdadero culpable de los crímenes podía haber proporcionado con exactitud la descripción de algunas de las mutilaciones en determinadas víctimas.
Lo que sí es cierto, es que el asesino de las dieciséis víctimas tenía atemorizada a toda la región alemana, y el proceso del presunto culpable ganó enorme atención por parte de las gentes del lugar.
inquisicion y hombres lobos
Peter Stubbe
Desde el siglo XV al XVIII, es probable que muchos ofensores sexuales fuesen juzgados como brujos, hombres lobo e incluso vampiros, por los fanáticos religiosos que condenaban cualquier actitud o pensamiento que no coincidiese con los dogmas establecidos por ellos.
Obligaban a las personas detenidas, a confesar la comisión de crímenes, pactos con el Diablo, y las más diversas actividades brujeriles aunque éstos no las hubiesen cometido, por razones tan simples como la excentricidad, la fealdad, la falsa acusación por parte de un vecino, o la deformidad física..., sometiéndolos a crueles torturas con el propósito de arrancarles, no sólo los miembros, sino una confesión de culpabilidad.
el caso de Peter Stubbe, el "hombre lobo" alemán ejecutado en 1589 en la localidad de Bedburg, cerca de Colonia... otro caso lastimoso de un hombre perdido por su propia confesión, forzado por la tortura, y a quien ya se había condenado antes de que comenzara el juicio.
Lo cierto es que trece niñas, dos mujeres y un hombre fueron asesinados en la pequeña comunidad, algunas de las niñas asaltadas sexualmente y mutiladas, en el espacio de veinticinco años. El asesino, o asesinos, nunca fueron hallados.
Desde el siglo XV al XVIII, es probable que muchos ofensores sexuales fuesen juzgados como brujos, hombres lobo e incluso vampiros, por los fanáticos religiosos que condenaban cualquier actitud o pensamiento que no coincidiese con los dogmas establecidos por ellos.
Obligaban a las personas detenidas, a confesar la comisión de crímenes, pactos con el Diablo, y las más diversas actividades brujeriles aunque éstos no las hubiesen cometido, por razones tan simples como la excentricidad, la fealdad, la falsa acusación por parte de un vecino, o la deformidad física..., sometiéndolos a crueles torturas con el propósito de arrancarles, no sólo los miembros, sino una confesión de culpabilidad.
el caso de Peter Stubbe, el "hombre lobo" alemán ejecutado en 1589 en la localidad de Bedburg, cerca de Colonia... otro caso lastimoso de un hombre perdido por su propia confesión, forzado por la tortura, y a quien ya se había condenado antes de que comenzara el juicio.
Lo cierto es que trece niñas, dos mujeres y un hombre fueron asesinados en la pequeña comunidad, algunas de las niñas asaltadas sexualmente y mutiladas, en el espacio de veinticinco años. El asesino, o asesinos, nunca fueron hallados.
licantropia
La licantropía es un síndrome delirante especial caracterizado por la creencia del paciente de ser un animal salvaje o peligroso. Aunque muy rara en los países industrializados todavía se observa en regiones donde el contacto con animales no domesticados es parte de la vida diaria. Una revisión de la literatura revela que hay muy pocos casos informados de licantropía (16) y que no tiene un tratamiento eficaz. También es notoria la confusión diagnóstica respecto a su etiología
domingo, 17 de febrero de 2008
LA PSIQUE DE LOS HMBRES LOBOS
El psicoanalista norteamericano Nandor Fodor interpreta la licantropía menos como una condición psicológica que como un «mecanismo psíquico». El doctor Fodor concede gran importancia a los sueños, especialmente a aquellos que contienen transformaciones, derramamiento de sangre, crímenes crueles y la propia figura del hombre-lobo. Su interpretación de estos sueños licantrópicos se convertiría en tema de varios libros y de una importante comunicación publicada en el Journal of American Folklore en 1945. He aquí un ejemplo de su catálogo de casos:
Una mujer de Londres despierta por la mañana y descubre dos ojos centelleantes en la cabeza de un animal de aspecto lobuno que la contempla desde un lugar cercano a la chimenea. Aterrorizada, enciende la luz y el animal desaparece. Ella cree que se trataba de un hombre-lobo.Al interrogarla en busca de asociaciones, Lobo («Wolf») resulta ser el nombre de un hombre por culpa del cual ella había perdido mucho dinero, y que una noche, en Francia, había trepado hasta su dormitorio amenazándola con estrangularla si no dejaba a su marido y se iba con él. Con sus grandes ojos pardos y crueles, se le podía calificar de hombre-lobo. Sin embargo... la visión del ser lobuno tuvo lugar antes de que el hombre invadiera el dormitorio de la mujer en cuestión. No obstante, la asociación nos proporciona una pista para poder comprender su alucinación. Representa unas expectativas sexuales de tipo sádico. El brillo en los ojos del lobo era el centelleo de su propio deseo de verse asaltada, y la chimenea era un símbolo topográfico adecuado de la pasión que ardía en ella.
Licantropía y hombres-lobo constituyen evidentemente un tema complejo, plagado de trampas, y para comprenderlo a fondo hay que tener en cuenta cuestiones tales como la magia negra, el canibalismo, la demencia, la credulidad, los bajos niveles de inteligencia, el sadismo, la embriaguez, la susceptibilidad, la fantasía, la proyección astral... y la rabia. La medicina de la antigüedad pudo haber confundido fácilmente la forma licantrópica de la psicosis con la rabia canina contagiosa, transmisible a los perros por mordeduras de lobo y al hombre por mordeduras de perro, y que mueve a hombre y perro a atacar y morder a todo ser que se ponga a su alcance, difundiendo con ello tan terrible enfermedad.Durante miles de años, el factor principal para identificar a un hombre-lobo era la espuma en la boca, síntoma que también identifica al hombre víctima de la hidrofobia. Por tanto, cuando el poeta romano Ovidio explica la transformación de Licaón en lobo, ¿se basa su descripción en un lobo rabioso o en un hombre atacado por la rabia? Dice al respecto:
En vano intentó hablar; desde aquel mismo instanteSus mandíbulas se cubrieron de baba, y su sed sólo podía saciarlaLa sangre.
Ovidio habla, en realidad, de un hombre-lobo. De acuerdo con la tradición, la mordedura de uno de ellos convierte a la víctima en lobo, y ser mordido por un lobo rabioso transmite a la víctima la rabia. Imagínese el dilema de un rústico, para el cual un lobo rabioso no era sino un hombre-lobo rabioso, e imagínese su terror si era atacado por el animal enfermo y después aparecían en él los síntomas de la rabia. Para quienes lo observaban, él era ya otro hombre-lobo.Actualmente, algunos científicos no han descartado por completo la posibilidad de que hayan existido en realidad hombres-lobo; cabe todavía preguntarse si, en realidad, es razonable suponer que la leyenda, si no está basada en hechos, pueda sustentarse gracias tan sólo a la fantasía. Y si nada hay de cierto en esta creencia perenne en la metamorfosis animal, ¿por qué científicos y médicos doctos le han dedicado tanto estudio en todas las épocas?
Una mujer de Londres despierta por la mañana y descubre dos ojos centelleantes en la cabeza de un animal de aspecto lobuno que la contempla desde un lugar cercano a la chimenea. Aterrorizada, enciende la luz y el animal desaparece. Ella cree que se trataba de un hombre-lobo.Al interrogarla en busca de asociaciones, Lobo («Wolf») resulta ser el nombre de un hombre por culpa del cual ella había perdido mucho dinero, y que una noche, en Francia, había trepado hasta su dormitorio amenazándola con estrangularla si no dejaba a su marido y se iba con él. Con sus grandes ojos pardos y crueles, se le podía calificar de hombre-lobo. Sin embargo... la visión del ser lobuno tuvo lugar antes de que el hombre invadiera el dormitorio de la mujer en cuestión. No obstante, la asociación nos proporciona una pista para poder comprender su alucinación. Representa unas expectativas sexuales de tipo sádico. El brillo en los ojos del lobo era el centelleo de su propio deseo de verse asaltada, y la chimenea era un símbolo topográfico adecuado de la pasión que ardía en ella.
Licantropía y hombres-lobo constituyen evidentemente un tema complejo, plagado de trampas, y para comprenderlo a fondo hay que tener en cuenta cuestiones tales como la magia negra, el canibalismo, la demencia, la credulidad, los bajos niveles de inteligencia, el sadismo, la embriaguez, la susceptibilidad, la fantasía, la proyección astral... y la rabia. La medicina de la antigüedad pudo haber confundido fácilmente la forma licantrópica de la psicosis con la rabia canina contagiosa, transmisible a los perros por mordeduras de lobo y al hombre por mordeduras de perro, y que mueve a hombre y perro a atacar y morder a todo ser que se ponga a su alcance, difundiendo con ello tan terrible enfermedad.Durante miles de años, el factor principal para identificar a un hombre-lobo era la espuma en la boca, síntoma que también identifica al hombre víctima de la hidrofobia. Por tanto, cuando el poeta romano Ovidio explica la transformación de Licaón en lobo, ¿se basa su descripción en un lobo rabioso o en un hombre atacado por la rabia? Dice al respecto:
En vano intentó hablar; desde aquel mismo instanteSus mandíbulas se cubrieron de baba, y su sed sólo podía saciarlaLa sangre.
Ovidio habla, en realidad, de un hombre-lobo. De acuerdo con la tradición, la mordedura de uno de ellos convierte a la víctima en lobo, y ser mordido por un lobo rabioso transmite a la víctima la rabia. Imagínese el dilema de un rústico, para el cual un lobo rabioso no era sino un hombre-lobo rabioso, e imagínese su terror si era atacado por el animal enfermo y después aparecían en él los síntomas de la rabia. Para quienes lo observaban, él era ya otro hombre-lobo.Actualmente, algunos científicos no han descartado por completo la posibilidad de que hayan existido en realidad hombres-lobo; cabe todavía preguntarse si, en realidad, es razonable suponer que la leyenda, si no está basada en hechos, pueda sustentarse gracias tan sólo a la fantasía. Y si nada hay de cierto en esta creencia perenne en la metamorfosis animal, ¿por qué científicos y médicos doctos le han dedicado tanto estudio en todas las épocas?
ALUCINOGENOS MEDIAVALES
El LSD Medieval
¿Por qué tantas historias de hombres-lobo se remontan a la Edad Media? Una teoría sugiere que este hecho no se debe únicamente a la naturaleza supersticiosa de las mentes medievales: puede que para muchas personas las alucinaciones de origen bioquímico fueran entonces experiencias prácticamente cotidianas.
Los que practicaban el arte secreto de hacer creer a una persona que estaba volando, o que le estaban creciendo las uñas y se estaba convirtiendo en un animal, solían emplear extractos de piel de sapo, o plantas tales como la mandrágora, el beleño y la belladona.Pero estas alucinaciones no sólo las sufrían las personas que tomaban estas drogas. En los graneros medievales, el grano se clasificaba en dos montones: el grano limpio para la aristocracia y el clero, y el grano parasitado para los campesinos.
El grano afectado por el cornezuelo transporta un hongo que produce alcaloides parecidos al LSD (dietilamida del ácido lisérgico) y que también provoca sensaciones como la de sentirse transformado en animal.
¿Por qué tantas historias de hombres-lobo se remontan a la Edad Media? Una teoría sugiere que este hecho no se debe únicamente a la naturaleza supersticiosa de las mentes medievales: puede que para muchas personas las alucinaciones de origen bioquímico fueran entonces experiencias prácticamente cotidianas.
Los que practicaban el arte secreto de hacer creer a una persona que estaba volando, o que le estaban creciendo las uñas y se estaba convirtiendo en un animal, solían emplear extractos de piel de sapo, o plantas tales como la mandrágora, el beleño y la belladona.Pero estas alucinaciones no sólo las sufrían las personas que tomaban estas drogas. En los graneros medievales, el grano se clasificaba en dos montones: el grano limpio para la aristocracia y el clero, y el grano parasitado para los campesinos.
El grano afectado por el cornezuelo transporta un hongo que produce alcaloides parecidos al LSD (dietilamida del ácido lisérgico) y que también provoca sensaciones como la de sentirse transformado en animal.
INSTINTOS SALVAJES
Levi continúa entonces analizando el fenómeno del «cuerpo sideral» del hombre -«el mediador entre el alma y el organismo material»- y lo utiliza como base de una explicación del fenómeno del hombre-lobo:
Este cuerpo muy frecuentemente permanece despierto mientras el otro duerme, y mediante el pensamiento se transporta a sí mismo a través de todo el espacio que el magnetismo universal le abre. De este modo alarga, sin romperla, la cadena simpatética, que les une al corazón y al cerebro. La forma de nuestro cuerpo sideral es la que corresponde al estado habitual de nuestros pensamientos, y a la larga modifica los rasgos del organismo material.
Levi pasa a sugerir que el hombre-lobo no es otra cosa que el cuerpo sideral de un hombre cuyos instintos salvajes y sanguinarios corresponden a las características de un lobo. Estos hombres, mientras su fantasma anda errante, sueñan que son ni más ni menos que un lobo salvaje.Ciertamente, hoy en día los teósofos creen que durante la Edad Media, cuando las ejecuciones públicas eran corrientes, muchas personas caían moralmente tan bajo, que sus cuerpos astrales -los espíritus humanos que se dice que utilizamos después de la muerte- se unían efectivamente con un animal. Esto explicaría el porqué, si un cuerpo astral se manifestaba en forma de lobo y le herían -pongamos por ejemplo que un cazador le cortara una garra- esta herida aparecería también en el cuerpo físico de la forma humana del hombre-lobo: es decir, una de las manos aparecería gravemente herida o incluso le faltaría totalmente cuando el hombre-lobo volviera a su forma humana.Charles Webster Leadbeater, clérigo anglicano que vivió entre finales del siglo pasado y principios de éste, y que fue una de las principales figuras de la Sociedad Teosófica, defendía con gran entusiasmo la tesis de la duplicación de la herida en su libro The astral plane (El plano astral, 1895):
Al igual que ocurre tan a menudo con la materialización corriente, cualquier herida infligida a este animal se reproduciría en su cuerpo humano-físico debido al extraordinario fenómeno de la repercusión, a pesar de que, después de la muerte de este cuerpo físico, el cuerpo astral (que probablemente continuaría apareciendo en la misma forma) sería menos vulnerable. Sería también menos peligroso, ya que, a menos que encontrara un médium adecuado, sería incapaz de materializarse plenamente.
El fenómeno de la duplicación de la herida a través de la proyección astral es indudablemente una teoría que está ganando considerable terreno entre los actuales pensadores espirituales. Rose Gladden, una de las exorcistas con más experiencia de Gran Bretaña (y famosa por sus curas mediante la clarividencia) está persuadida de que la aplicación diabólica de la proyección astral desempeñó un papel clave en la vida de muchos hombres acusados de ser hombres-lobo. Rose Gladden explica:
Supongamos que yo fuera una persona cruel que disfrutara con las cosas horribles de la vida; bien, cuando yo proyectara mi cuerpo astral fuera de mi cuerpo físico, toda la maldad circundante podría agarrarme, cogerme. Y sería la maldad que se apoderara de mi proyección astral, o de mi «doble», lo que me transformaría en un animal, en un lobo.La atmósfera está siempre llena de fuerzas malignas, y a estas fuerzas malignas les es mucho más fácil existir dentro de un ser humano -digamos dentro de una persona mala- que en un vacío nebuloso.Los hombres-lobo eran -son aún- la manifestación más perversa de la humanidad. Entiendo perfectamente por qué hay tantas narraciones de casos de «duplicación de la herida».
Este cuerpo muy frecuentemente permanece despierto mientras el otro duerme, y mediante el pensamiento se transporta a sí mismo a través de todo el espacio que el magnetismo universal le abre. De este modo alarga, sin romperla, la cadena simpatética, que les une al corazón y al cerebro. La forma de nuestro cuerpo sideral es la que corresponde al estado habitual de nuestros pensamientos, y a la larga modifica los rasgos del organismo material.
Levi pasa a sugerir que el hombre-lobo no es otra cosa que el cuerpo sideral de un hombre cuyos instintos salvajes y sanguinarios corresponden a las características de un lobo. Estos hombres, mientras su fantasma anda errante, sueñan que son ni más ni menos que un lobo salvaje.Ciertamente, hoy en día los teósofos creen que durante la Edad Media, cuando las ejecuciones públicas eran corrientes, muchas personas caían moralmente tan bajo, que sus cuerpos astrales -los espíritus humanos que se dice que utilizamos después de la muerte- se unían efectivamente con un animal. Esto explicaría el porqué, si un cuerpo astral se manifestaba en forma de lobo y le herían -pongamos por ejemplo que un cazador le cortara una garra- esta herida aparecería también en el cuerpo físico de la forma humana del hombre-lobo: es decir, una de las manos aparecería gravemente herida o incluso le faltaría totalmente cuando el hombre-lobo volviera a su forma humana.Charles Webster Leadbeater, clérigo anglicano que vivió entre finales del siglo pasado y principios de éste, y que fue una de las principales figuras de la Sociedad Teosófica, defendía con gran entusiasmo la tesis de la duplicación de la herida en su libro The astral plane (El plano astral, 1895):
Al igual que ocurre tan a menudo con la materialización corriente, cualquier herida infligida a este animal se reproduciría en su cuerpo humano-físico debido al extraordinario fenómeno de la repercusión, a pesar de que, después de la muerte de este cuerpo físico, el cuerpo astral (que probablemente continuaría apareciendo en la misma forma) sería menos vulnerable. Sería también menos peligroso, ya que, a menos que encontrara un médium adecuado, sería incapaz de materializarse plenamente.
El fenómeno de la duplicación de la herida a través de la proyección astral es indudablemente una teoría que está ganando considerable terreno entre los actuales pensadores espirituales. Rose Gladden, una de las exorcistas con más experiencia de Gran Bretaña (y famosa por sus curas mediante la clarividencia) está persuadida de que la aplicación diabólica de la proyección astral desempeñó un papel clave en la vida de muchos hombres acusados de ser hombres-lobo. Rose Gladden explica:
Supongamos que yo fuera una persona cruel que disfrutara con las cosas horribles de la vida; bien, cuando yo proyectara mi cuerpo astral fuera de mi cuerpo físico, toda la maldad circundante podría agarrarme, cogerme. Y sería la maldad que se apoderara de mi proyección astral, o de mi «doble», lo que me transformaría en un animal, en un lobo.La atmósfera está siempre llena de fuerzas malignas, y a estas fuerzas malignas les es mucho más fácil existir dentro de un ser humano -digamos dentro de una persona mala- que en un vacío nebuloso.Los hombres-lobo eran -son aún- la manifestación más perversa de la humanidad. Entiendo perfectamente por qué hay tantas narraciones de casos de «duplicación de la herida».
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
